En los últimos tiempos vimos un crecimiento significativo en el uso de Inteligencia Artificial para elaborar informes psicotécnicos y de potencial. La capacidad de estas herramientas para sistematizar información, organizar datos y generar desarrollos conceptuales extensos es innegable. De hecho, pueden producir análisis técnicamente profundos, coherentes y bien estructurados en cuestión de segundos si se le brinda la información teórica necesaria y se contextualiza al proceso.
Pero hay una pregunta que no podemos dejar de hacernos: ¿eso alcanza para enviar un informe a un cliente? La respuesta, desde nuestra práctica profesional, es no.
Un informe psicotécnico no es únicamente un documento descriptivo. Es una herramienta de decisión. Tiene impacto organizacional, reputacional y humano. Lo leerá un gerente, un director, un dueño o un responsable de Recursos Humanos que debe tomar decisiones concretas a partir de ese texto. La forma en que está redactado, lo que enfatiza, lo que jerarquiza y lo que omite estratégicamente puede facilitar o entorpecer esa decisión.
La IA tiende a nombra rasgos con literalidad, explicita riesgos con claridad, desarrolla hipótesis con profundidad conceptual. Pero no evalúa el impacto de esas palabras en el contexto organizacional. No discrimina entre lo clínicamente observable y lo estratégicamente comunicable. No mide el efecto de una formulación excesivamente cruda. Y, sobre todo, no asume responsabilidad sobre lo que afirma.
Ahí es donde interviene el profesional.
La intervención profesional no consiste en “corregir estilo”. Consiste en jerarquizar información, traducir lenguaje clínico a lenguaje organizacional, reformular debilidades en áreas de desarrollo y dimensionar lo riesgos de manera gestionable si lo son.
Implica proteger al evaluado sin perder rigurosidad técnica. Implica proteger al cliente sin omitir información relevante. Implica asumir la firma y la responsabilidad del documento.
En nuestra experiencia, la diferencia entre un informe generado por IA pura y un informe listo para ser enviado al cliente no está en la cantidad de contenido, sino en el criterio aplicado. El profesional decide qué enfatizar, qué contextualizar, qué sintetizar y cómo presentar la información para que sea útil, clara y ética.
La IA puede sistematizar. Puede ordenar. Puede ampliar. Pero no puede asumir la responsabilidad clínica ni la responsabilidad institucional de un informe psicotécnico.
En evaluaciones psicotécnicas y potencial, la tecnología es una herramienta valiosa cuando está integrada a un modelo profesional sólido.
No remplaza el juicio clínico, lo asiste. No sustituye la ética, la requiere. No elimina la responsabilidad, la hace aún más necesaria.
Porque al final del proceso hay una firma. Y esa firma no es de la IA. Es del profesional.


