La inteligencia aumentada describe una forma de trabajar en la que las capacidades de la inteligencia artificial se combinan con las humanas para analizar, crear y decidir mejor.
La IA puede procesar información, identificar relaciones y proponer alternativas con rapidez. Las personas aportan conocimiento de su campo, comprensión del contexto y responsabilidad por las decisiones que toman. En esa interacción, el criterio humano se ve ampliado por los aportes de la IA.
Es el criterio humano el que permite formular bien un problema antes de pedir una respuesta, ofrecer el contexto necesario y evaluar lo que la herramienta devuelve. Trabajar con inteligencia aumentada supone aprovechar los aportes de la IA, pero también poder cuestionarlos.
Cuanto mejor comprende una persona su actividad, más preparada está para valorar la pertinencia de una respuesta generada por IA. Si a ese conocimiento si se le suman características personales como la curiosidad para explorar opciones, la flexibilidad para revisar ideas y la disposición a aprender de los resultados, se potencian los resultados posibles.
De la respuesta a la decisión
La IA puede ampliar el panorama de posibilidades, pero transformar esas posibilidades en una decisión fundada requiere interpretar sus consecuencias y asumir la responsabilidad por el camino elegido.
La inteligencia aumentada alcanza su verdadero valor cuando la tecnología ayuda a las personas a ejercer mejor su criterio. No se trata solo de producir respuestas más rápido, sino de contar con más recursos para comprender un problema y actuar con fundamento.
¿Qué evaluar para saber si un postulante puede trabajar con inteligencia aumentada?
Para responder esta pregunta es necesario distinguir tres planos. El primero es su conocimiento de IA: qué herramientas sabe utilizar, para qué tareas las emplea, cómo formula instrucciones y cómo verifica sus resultados. El segundo es su conocimiento técnico del área a la que se postula; sin una base suficiente en su especialidad, le resultará difícil reconocer si una propuesta de la IA es pertinente, incompleta o equivocada.
Al momento de llegar a un psicotécnico es recomendable que sus conocimientos en IA, y como la utiliza, ya hayan sido evaluados. También, será necesario haber evaluado la solidez de su formación técnica en el área que trabajará.
Sera entonces donde el psicotécnico podrá aportar valor, explorando los recursos personales e intelectuales que favorecen un uso reflexivo de la tecnología. Entre ellos,
- Pensamiento crítico y capacidad de análisis: para identificar inconsistencias, revisar supuestos y distinguir una respuesta convincente de una respuesta bien fundamentada.
- Flexibilidad cognitiva: para considerar alternativas y modificar una posición inicial cuando aparece información nueva.
- Disposición al aprendizaje: para incorporar herramientas, experimentar con ellas y ajustar la manera de trabajar a partir de los resultados.
- Autonomía y criterio para decidir: para utilizar los aportes de la IA sin depender de sus conclusiones y fundamentar una decisión propia.
- Tolerancia a la incertidumbre: para reconocer cuándo la información es insuficiente y evitar conclusiones apresuradas.
- Responsabilidad: para considerar las consecuencias de una decisión y reconocer los límites de lo que puede delegarse en una herramienta.
La evaluación psicotécnica no reemplaza una prueba de conocimientos de IA ni una evaluación técnica del puesto. Puede aportar indicios sobre cómo tenderá a pensar, aprender y decidir el postulante. Integrar esos tres planos permite valorar con mayor fundamento su potencial para trabajar con inteligencia aumentada.


