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IA y la fatiga cognitiva: el costo invisible de trabajar en permanente adaptación

Mientras las organizaciones celebran posibilidades y aumentos concretos de productividad como consecuencia de la llegada de la IA, comienza a aparecer un fenómeno menos visible: el creciente desgaste cognitivo que implica trabajar en un entorno donde todo cambia permanentemente.

la IA no solo modifica las herramientas, modifica la forma de pensar. Cada semana aparece una nueva aplicación, una nueva funcionalidad o manera de hacer el mismo trabajo de forma diferente. Lo que ayer era una ventaja competitiva, hoy ya quedó obsoleto y sabemos que esto seguirá aconteciendo.

No alcanza con dominar una tarea. Ahora hay que cuestionarla, rediseñarla y encontrar continuamente una mejor forma de ejecutarla. O bien adaptarse a aprender una nueva metodología de realizarla.

La inteligencia artificial exige aprender de manera permanente. Exige desaprender. Exige decidir cuándo confiar en una respuesta automática y cuándo cuestionarla. Exige integrar nuevas herramientas sin perder criterio profesional.

Todo eso consume energía cognitiva. Y esa energía no es infinita.

Durante décadas, las organizaciones midieron el estrés asociado a la sobrecarga de trabajo, la presión por resultados o los conflictos interpersonales. Con la IA aparece una nueva variable que debe considerarse: la fatiga por la exigencia de adaptación continua.

Trabajamos en un escenario donde nunca se termina de aprender, donde las reglas cambian constantemente.  La velocidad del cambio empieza a superar la velocidad de procesamiento de muchas personas.

Las personas necesitan estabilidad para consolidar aprendizajes, generar automatismos y liberar recursos para tareas más complejas. Cuando todo cambia, esta dinámica de aprendizaje no se puede sostener. El resultado puede ser para algunos una sensación permanente de agotamiento, incluso en personas altamente competentes.

Entonces, el desafío de las organizaciones no consiste únicamente en incorporar inteligencia artificial, consiste en contemplar todo este nuevo escensario en que se encuentran sus colaboradores. Aparece, lo que consideramos,  una responsabilidad organizacional: construir contextos que hagan esto sostenible sin descuidar la salud psíquica y el bienestar de las personas.

La adaptabilidad, el Learning Agility, la curiosidad intelectual, la tolerancia a la incertidumbre, la flexibilidad psicológica y la capacidad de aprender de manera continua, dejan de ser atributos deseables para convertirse en competencias estratégicas.

Se hace necesario generar culturas que permitan equivocarse, espacios para experimentar, tiempos para aprender y líderes capaces de acompañar procesos de cambio continuo.

El futuro del trabajo no solo dependa solamente trabajar con IA, también del cuidado a la inteligencia humana.

Creemos que una de las preguntas sobre la que hay que comenzar a trabajar es, cuánto se está haciendo para que las personas puedan sostener el ritmo del cambio que la IA está generando.

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